27 ene. 2013

Del mito al logos


   Conocí a Blanca Marini en una fábrica donde ella se desempañaba como jefa de planta. Por entonces ya tenía unos cincuenta años y se la nombraba por su soltería.
   A ella, poco parecía importarle que aquellas muchachas conformistas la mirasen con pena por su falta de hombre. Pues, para Blanca, la paciencia y el rigor selectivo se le imponían como virtudes fundamentales y esperaba desde la adolescencia al caballero adecuado y pertinente para dar el sí.
   La china Basualdo  se burlaba y decía que a la autoritaria no se le acercaba nadie y que tenía noticias de un Juárez de la sucursal que la llevó al cine y huyó desesperado buscando cualquier aire de la calle.
   Pero una noche, mientras dormía, Zeus visitó a la jefa  que, desprevenida, se entregó sin más a su colega que la amó perfectamente como sólo un dios lo hace.
   Luego despertó inquieta y perturbada. Recordaba una lengua suave y una mano en el lugar exacto.
   Días más tarde, en un café, aceptó la invitación de un pelado mal entrazado que le resultó humano, no demasiado sino  bien humano...

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