7 feb. 2013

Recambios




Hay que tener paciencia para escuchar a Roberto. Quizás, los más de treinta años de amistad funcionen como antígeno, pero juro que algunas veces, cuando ni la audición flotante lo permite, quiero mandarlo al carajo.
Él mismo sabe que sus contradicciones son evidentes y marcadas, pero juega a que las dicotomías no son tales y se empeña en ensayar una personalidad lineal, metódica y conservada.
Suele cambiar de opinión en minutos, pero con ardides simula que ambos pensamientos son complementarios. Por eso, este hombre palimpsesto, muestra horrores y maravillas cuando se lo rasca un poco.
Una vez, se refutó a sí mismo cuatro veces consecutivas (en el lapso de una hora) con  dispares argumentos que dejaron a sus interlocutores en pelotas.
Sin ir más lejos, abandonó el tenis por tratarse de un deporte solitario por lo que ahora se lo ve a diario, en el club, jugando al frontón sin nada más que él, su paleta, la  pelota y una  pared.
Pero, a ver… en este instante lo tengo frente a mí. Parece convencido. No se retracta de soslayo como hace siempre. Confirma. Sostiene. Parece un tipo libre. Parece enamorado.


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