19 sept. 2013

COMPAÑÍAS


   Desde hace unos meses, el B está ocupado por mi vecina que aún no tiene heladera y por eso me pide que le guarde las golosinas para sus nietos.
  La primera vez que la vi, un domingo al mediodía, ella había tocado el timbre para presentarse y yo la atendí en bata. "Ah, sos más joven... claro... a esta hora dormís...". Presumo que esperaba encontrarse con una mujer de su edad o con otro Daniel.
   Sin embargo, pronto, y en virtud del problema del gas que no se solucionaba, nos hicimos amigas  hasta que un sábado me escuchó en el hall y salió:
-Te veo linda. ¿Estás enamorada? Porque yo quería contarte algo de cuando vino Lola y me dijo que Daniel, un señor que vivía en el mismo piso que yo, en el edificio anterior, se enojó porque me mudé y no me despedí. Pasa que yo justo estaba enferma y dolida porque tenía que irme y no es que me olvidé sino que traté de no sufrir. Entonces, ahí aproveché para llamarlo y pedirle disculpas porque mientras fuimos vecinos  tomábamos el té o mirábamos una película... los dos viudos... y así... no pasaba nada pero yo le tenía mucho aprecio, de esos doctores de antes, de los buenos, era así... Y cuando lo llamé me comentó algo, me dijo que estaba saliendo con una señora y le dije ay, que dios lo bendiga mucho y que sea feliz... Ud se lo merece... Y corté, y me fui al baño a llorar. Por suerte vos estabas fumando y sentí el olor a cigarrillo y no me sentí tan sola.

1 comentario:

Hombre Polilla dijo...

Muy bueno, che. Suerte.