16 nov. 2013

OSTENTACIÓN DE LA PELOTUDEZ



Desde que asumirse como banal (ofertando futilidades y disponibilidad para compartir jactancias incomprensibles) se ha vuelto un valor, extraños seres de la vacuidad han ganado la batalla por el territorio y se los puede ver ocupando los espacios más preciosos de la trama social.
Lamentablemente, no hay casos paradigmáticos que ilustren el fenómeno ya que estos adoptan una infinita cantidad de formas y modalidades que hace infructuosa la tarea, no solo taxativa (que resulta imposible) sino también enunciativa (que requeriría un texto de cuatro tomos).
Ya Varzotti y Firpo trataron de recortar el tema para una conferencia en Brasilia y terminaron desistiendo para luego retirarse a Copacabana a disfrutar de la playa.
Aún así, quedan fragmentos (rescatados por Margarita) del esbozo que ambos elaboraron para dicha ponencia:
Varzotti: “La posmodernidad es una etapa que no puede caracterizarse sino por ser aquella que le sigue en continuidad a otra que sí podía explicarse a sí misma a través de una serie de promesas que no se cumplieron pero que sirvieron para mantener varias décadas la sensación de un porvenir resarcitorio. De este modo, la actualidad pop es tan ecléctica que no admite encasillamientos ni definiciones. Es el momento de la mismidad y la cualquieridad. Todo vale, incluso la irrupción de una nueva y festejada cultura de pelotudismos que los pensadores contemporáneos se empeñan en justificar.
Acá, mi colega, escribió a cuatro manos un libro sobre la refutación de la esencialidad y aún no puede publicarlo porque su compañero de  escritura no se decide aún si conviene que la tapa sea a color o en blanco y negro, retrasando así la difusión de una obra que los editores consideran fundamental para las postreras generaciones.
Yo, por mi parte, sugerí que la hicieran con tonos azules pero luego me retracté por tratarse este de un color  muy primario y por ende, muy esencialista (lo que finalmente terminaría por contradecir el contenido del texto). Incluso Firpo, reticente a la cuestión cromática, tiró el violeta como una opción posible pero la esposa del segundo autor hizo sus objeciones en virtud de reclamar como propia una tonalidad que va muy bien con sus revistas holísticas. Mas, si lo pensamos bien, una trabajo de semejante envergadura solo acepta el rojo mayestático…”
Firpo: “No coincido con mi amigo, el rojo tiene una múltiple carga semántica que desorienta al potencial comprador. Lo predispone, lo determina y finalmente se queda  en la última página con la sensación de haber sido decepcionado, interrumpido… Nótese que por algo Farías presentó un ejemplar dorado con letras negras…”
Varzotti: “Seamos honestos. Ese oropel de libro resultó ser un blef…”
Firpo: “Pero tuvo repercusión…”
Varzotti: “¿Qué? ¿Ahora bancamos al best seller?
Firpo: ¿Vos decís que el beige va a funcionar?
Varzotti: “O el ocre…”
Firpo: “¿A cuántos kilómetros está Río?
Varzotti: “A muchos…”
Firpo:Y bueh… ¿Qué más da? Vamos igual”
Varzotti: “¿Por qué seguís tipeando? ¿Vos estás escribiendo desde que empecé con la anécdota de tu libro compartido?”
Firpo: “Sí… ¿Por?
Varzotti: Entonces dejá… vamos a Copacabana… Listo.




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