21 mar. 2012

FUTBOLISMO Y EL ARTE DE LA IMPOSTURA




“… la cultura es la trama de significados en función de la cual
los seres humanos interpretan su existencia y experiencia…”
                                                                                        Clifford Geertz

Supongamos que el futbolismo remite (como señala Carrasco*) a la impostura literaria de hacer identitario un hobby.

Entonces pienso en la función de la literatura, en su ESTAR entre las artes. Pienso en Fontanarrosa y en Barthes.

¿La impostura literaria resultaría algo así como un intento fallido de escritura? ¿Una suerte de menester ocioso, desubicado y pretencioso?

Más que pensar, repaso algunas lecturas: FUTBOLERAS, EL ÁREA 18, LAS SIETE VELAS DEL CLÁSICO, VIEJO CON ÁRBOL, EL ÚLTIMO ENTRENADOR, EL PENAL MÁS LARGO DEL MUNDO…

 A Borges no le gustaba ese deporte. A mí me gusta Borges. Y me gusta el fútbol. Por eso SiempreMessi y VamosLacadé. Por eso me conmueve la insolencia de empatar una crónica dominguera(y trocarla en poesía)con las odas más soberbias de la producción universal.

 La audacia de meter el futbolismo en el nicho de los géneros discursivos complejos, me promueven las ganas, el gusto de compartir los sentimientos, los recuerdos, los vértices, y (¿por qué no?)la pertenencia…

Y si en esa trama no hay significados identitarios que rastrear, prefiero ese gol en el ángulo, resultado de la asistencia de uno que le cede al compañero el remate. Prefiero ese acto de camaradería, ese producto colectivo antes que la solitud de una pluma contemplativa, ordenada y compuesta.

*****

Cuando se encuentran en los velorios, los muchachos de zona oeste se juntan en un sector alejado, en un rincón solitario donde se puede fumar. El resto de los asistentes sabe que “ahí” están los de Centella, el equipo de fútbol que el viejo Martínez había fundado en un barrio de la periferia. La gente llora, como es habitual. Los de Centella, no. Aprovechan para hablar (y recordar, que es casi un modo de llorar)
 Hablan del desacierto de la camiseta del '68 y del morfón Gallotti (un flaco que repitió el individualismo a lo largo de su vida no sin cierto éxito que algunas sociedades suelen festejar).
Hablan de goles perdidos.
Hablan de goles errados.
Hablan de goles metidos.
Hablan de goles, y del mediocampo, porque es ahí donde empieza todo.
También le dedican un especial apartado a la defensa porque saben que sin Rabagni, que sin González… hubiera sido imposible la victoria en aquella memorable final de Casilda.


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