3 mar. 2012

EL AXIOMA

     La mujer sale a fumar. El ambiente está caldeado y nadie parece darse cuenta. Escucha, intramuros, una discusión que se repite, que ya conoce, y que, a partir de cualquier tópico, deriva siempre en el mismo punto...
      
      —Lo que te pido son unos días de licencia.
      —Acá hay mucho que hacer para que vos te vayas de joda.
      —¡No soy la única responsable! Necesito desenchufarme un poco. Si sigo así voy a explotar.
      —Andááá ¡no exagerés! Lo que vos necesitás me importa un carajo. Tenés que aguantar —se interrumpe al escuchar que llaman y luego sonríe, porque sabe que la ha desarmado— ¡Ahí está! ¿Escuchaste? Nos está llamando ¿Comió bien? ¿Tendrá frío?  ¿No miró mucha tele hoy?
      
      Fin de la discusión. 
      La Mujer sabe que no puede hacerse la boluda. Protesta, patalea, sufre de insomnio pero no puede obrar de otra manera.
      Inútil litigar contra un axioma. 
      Apaga el cigarrillo, hace un bollito con sus deseos y los aprieta en el bolsillo junto al encendedor. Cede su cuerpo a la Madre y se deja llevar hacia donde el niño llama.

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