28 nov 2011

PRIMERA DIVISIÓN

Lo que intelectuales y compuestos llamaron domingo negro fue en realidad la fiesta rosarina más colorida de todos los tiempos.
Recuerdo que el desarrollo de las elecciones a intendente fue seguido por el mundo.
Uno de los candidatos era abogado y dirigente intachable de Newell`s; el otro, docente y goleador auriazul del clausura. Ambos, unidos por una misma pasión, el fútbol.
Ya desde el principio de las campañas, o mejor, desde que fueron anunciadas las candidaturas, las personalidades locales festejaron la contienda. Sabíamos que el día del sufragio se jugaba no sólo el poder ejecutivo sino también el partido más glorioso, pues el ganador evidenciaría, sin dudas cuál era efectivamente la mitad más uno.
Sin abundar en detalles que todos conocen señalo que aquellos fueron meses intensos en los que todos nos sentimos autorizados para opinar con amplitud de criterios.
Nadie pensaba en política; palabras como ideología o plataforma eran harto innecesarias. Eso sí, la que más sonaba era Partido. Cualquier debate se organizaba en términos de partido: los finales, el de goleada, el discutido…
En las canchas cualquiera asaltaba el micrófono y hacía su descargo proselitista. Hubo mucho debate , aumentaron las riñas callejeras y la disolución de vínculos.
En la T.V., Don Jack explicaba sin que nadie pudiera entender: “es una tautología hablar en estos términos y con este conjunto de presupuestos ajenos al saber epísteme…”. Por razones obvias, la audiencia no replicó pero en su lugar aturdió con llamados al pensador para que expresara en vivo de qué cuadro era.
La veda es un apéndice que deseo omitir (ya que no es indispensable)  para referir que me asignaron la función pública y fui presidente de mesa. Pero… los comicios fueron anulados por razones de extrema legalidad. Aún me pregunto… aceptando eso del sufragio limpio y tal, ¿cómo es posible impugnar por cantados el 70% de los votos? Un hincha se pone la camiseta cualquier domingo, y si lleva un tatuaje no se lo sacará para satisfacer a los prudentísimos…
Algunos casos merecieron la polémica: un tal Garcilazo DNI 12072125 colocó el sobre en la ranura hasta la mitad; se alejó un poco para tomar carrera abriendo los brazos, picó, estiró el cuello y terminó de introducir el voto con la cabeza. Naturalmente las objeciones no se hicieron esperar, tampoco los aplausos: “¡Votó de palomiiita!” gritaron muchos testigos mientras la vice, sin dudar, enérgica, decidió neutralizar el sufragio provocando desmanes que continuaron en la calle a pedido de la fuerza pública-
A su vez, Amadeo Kenton no pudo ejercer su derecho en virtud de que en la mesa contigua fue calificado como portador de apellido. Claro, el fundador de la lepra era inglés y para mis colegas la intención de Kenton ( por sangre o patria), era evidente a pesar de que el señor manifestara ser la tercera generación argentina.
En tanto, los punteros y simpatizantes llevaban a cabo sus operaciones en diversos puntos de la ciudad.
La brigada antipingüinos fue sutil y levantó un puesto de informes donde le indicaban a vecinos del parque en qué lugar debían votar.
El mecanismo sencillo, inteligente y canalla dio buenos resultados ya que la información falaz que se suministraba era aceptada con inocencia por personas a las que mandaban a escuelas de barrio Ludueña.
El grupo “sin parlante” inició por ello una caravana hacia Arroyito (para compensar) arrojando miles de bombas de olor en las calles e instituciones educativas…
Podríamos afirmar que la lucha se convirtió pronto en un combate cuerpo a cuerpo. Hinchas que maniataban a sus contrarios, desesperados que provocaban embotellamientos y ancianas que pedían intervención divina para que pierda el malo.
Mas, rápidamente, el estado federal repuso las cosas a su estado anterior al que llamaron Orden.
La respuesta fue inmediata, y asombrados, por no decir aterrorizados, los hombres ordenadores se encontraron con un escenario que describieron sacrílego.
El primer impacto fue la borratina de los carteles: donde antes decía Alberdi se leía Avda. Negro Scalisse, así como Pellegrini pasó a llamarse Zanabria.
Al respecto, un insoslayable apartado es exigido para contextualizar el éxodo y/o migraciones internas que se sucedieron en los días posteriores: mi primo Alejandro quedó atrapado en un domicilio imposible de sobrellevar y optó por abandonar la casa en Scoponi y Bielsa para mudarse con los suegros a Don Ángel entre Marchetta y Vitamina.
Me apenó ver la deseperación de Ale y de tantos miles que como él buscaban solaz en sus verdaderas naciones. La postal de atropellos y rastrojeros era conmovedora… Vi a Mariana despedirse con lágrimas del depto. en BV. Hugito Galloni para regresar a la casa paterna de Pocchetino 50 bis.
Expertos en urbanidad comunicaron al mundo que el panorama les recordaba la Alemania bipartita, pero sin muro (tal analogía fue poco feliz, pues no tardó el planeta en expedirse con protestas y exhortaciones para la paz que implicaron réplicas argumentando el derecho de autodeterminación que el pueblo rosarino esgrimía con ímpetu).
Los comicios, como he dicho, fueron anulados, y por decisión nacional importaron un intendente ecologista  (colaborador de Greenpeace), Armando Villagrán, que fue resistido en tanto se presumía que era de Ferro.
Villagrán negó tal acusación (aunque para nosotros, su lema “verde por siempre” era harto elocuente y determinante), y anunció por los canales 3 y 5 que el fútbol profesional y amateur quedarían en el recuerdo para todo el Gran Rosario.
Así, en la opinión pública (aturdida por promociones de esgrima y natación) empezó a gestarse la sospecha de que la pequeña guerra civil había sido inducida para sacar de competencia a nuestros equipos. Por tanto a nadie le resultó exagerado que magistrados y concejales, renunciando a defensas cromáticas, se unieran con la camiseta de la justicia llevando la pugna a la Corte Suprema .
Cien días con sus noches, en un clima de absoluta camaradería, esperamos el veredicto que resultó favorable y fue agradecido con una bacanal en el Monumento a la Bandera. El orden parecía más que restablecido y llovieron cartas y expresiones de apoyo que nos colocaron como ejemplo de unión para el bien común.
Pero, las repercusiones, maravillosas en un principio, se trocaron en pesadilla cuando finlandeses, belgas y canadienses resolvieron conquistar la tierra de la armonía copando el centro y expulsando a los nativos a zonas aledañas.
La invasión nos amargó, pero pudimos superarla apoyados en la enorme cantidad de psicólogos disponibles. Aunque, tibia, mas sólidamente, unas actitudes, unos movimientos, comenzaron a provocar un temblor que ya no pudo retractarse. Los interrogatorios y el acoso marcaron el rumbo y restituyeron la campaña cuando los inmigrantes, con la excusa de un censo, fueron repartidos entre el coloso y el gigante.
Los padrones estaban poco claros y expertos en estadísticas no se animaron a proclamar un ganador.
Sueño, pienso, deseo. ¿Qué me importa el fútbol?!
Vendrá el día ( porque vendrá) en el que por fin sabremos de qué lado está cada quien en la ciudad; y huelga decir que los hinchas no pretendemos más que el espectáculo de ganarle al otro. Nos agrada ver rabonas, toques precisos, chilenas y pelotas en el ángulo siempre y cuando sean realizadas por los nuestros… Y no vengan los sabiondos a tildarnos de belicosos que la literatura bien tuvo su Boedo vs. Florida.
Con el falo entronizado siempre habrá ansias de medir” deslizó el filósofo contemporáneo Víctor Messina.
Si lo que dice es cierto, lo veremos el domingo, porque es en la cancha donde se ven los pingos.
                                                                                    La Vane
                                                                                      (Amy)











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