6 jun. 2012

LA LECTURA COMO CONDUCTORA DEL DESEO




“Una lectura que no esté llamando a otra escritura
tiene para mí algo de incomprensible”
Roger Laporte

UN HUMILDE HOMENAJE A RAY BRADBURY 
   
   En la escuela (tal vez en cuarto grado) habíamos leído un relato de Crónicas marcianas y de allí surgió la fuente de mi posterior escritura: un cuento sobre naves espaciales y viajes interplanetarios.
   Le mostré el texto a mi compañera y amiga de siempre quien sugirió algunos cambios en los nombres de los personajes.
-Busquemos nombres reales- me dijo.
-Sí… igual tienen que ser norteamericanos o rusos que son los que viajan…
-Sí, claro…
   Entonces, guía telefónica en mano, fuimos a la W y a la K (letras claves para una búsqueda como la nuestra). Luego, en minutos, tuvimos al protagonista: WHELAN.
   Lo siguiente fue revisar la tinta y formalizar la producción  con la máquina de escribir que funcionaba casi a medias pero al mismo tiempo generaba una suerte de raro ambiente solemne-irreverente.
   Años más tarde, aprendimos el concepto de verosimilitud (aún en la ciencia ficción); años más tarde perdimos algo de la ingenuidad  de lectoras y de escribientes. Pero no todo. Pero no todo.

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